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lunes, 9 de junio de 2014

VARSOVIA EXPRÉS

Hace poco más de una semana emprendí un viaje en autobús desde Berlín de unas nueve horas para pisar la capital polaca, Varsovia. Tal y como anunciaba en una de las entradas de este blog, el sábado 31 se celebraba la boda de mi amiga polaca Mirella y su actual marido Tomasz y por nada del mundo quería perderme la oportunidad de estar con mi amiga en un día tan especial y ya de paso conocer otra de las capitales que tenía pendiente de visitar en mi lista de viajes.

No sabría por dónde empezar a contaros y es que he disfrutado mucho de muchas cosas, he aprendido de la cultura polaca, he conocido a gente encantadora, he descubierto el encanto de Varsovia... Os iré contando por partes, que es así como mejor os podré ir informando de todo:

LA SENCILLEZ DE LA GENTE

Este es uno de los aspectos más gratificantes que me llevo de Polonia y es que la sencillez es lo que ha caracterizado toda mi estancia allí. Una iglesia sencilla con las flores oportunas, una sola persona que hacía fotos en la iglesia, un discreto coche negro donde viajaban los novios, una salida de la iglesia sin flores ni arroz para no dar trabajos de limpieza a los miembros de la comunidad (los novios habían pedido previamente a los invitados que en lugar de esto se trajera material escolar para los niños de un hospicio), vestidos y trajes de los invitados de lo más corrientes, el detalle de la entrega de una galletita deliciosa empaquetada con su fecha a modo de recordatorio y una caja de dulces típicos polacos, un restaurante y hotel donde había de todo pero sin grandes riquezas etc.

¿Y dos sorpresas? La primera, que los novios se habían visto previamente en la sacristía antes de que el novio esperase por la novia en el altar. La segunda, que los invitados se sentaban en los bancos de atrás, que nadie se "peleaba" por estar delante, al frente, viendo todo lo que sucedía. De hecho, el sacerdote tuvo que pedir por favor que los invitados ocupasen los bancos delanteros. ¡Cuántas diferencias interculturales!


EL BANQUETE

En este grupo de fotos se me ha colado la primera de la izquierda que no pertenece al banquete pero sí al desayuno del día de la boda que la prima de Mirella (con la que dormí de viernes a sábado) me tenía preparado cuando me levanté. Cabría destacar como una costumbre polaca que ellos desayunan siempre salado, normalmente pan con queso, tomate y pepinillo. Junto al yoghurt y el café, estaba todo delicioso. ¡Y con lo que a mí me gusta desayunar!

Entremos ahora de pleno en el banquete nupcial. Como en casi toda boda, aquí no se hizo mucho alarde de sencillez porque había comida para dar y regalar. Nada más llegar al restaurante, había comida sobre la mesa (tipo pinchos a los que se añadían los pasteles y la fruta) que permaneció allí hasta el día siguiente (a excepción de lo que se comiese, claro está). Los platos propios iban llegando poco a poco durante toda la velada (comenzamos sobre las 19:00) y siguiendo el menú que teníamos sobre la mesa. Me gustó el detalle de que cada plato llegaba a una hora determinada, y no todo seguido. Entre plato y plato todos nos levantábamos a bailar, charlar con el resto de invitados, a beber unos chupitos de Vodka o a picar más en la parte de la zona de embutidos que se presentaba como un pequeño bodegón.

Lo cierto es que yo no conocía a ninguno de los invitados pero me hicieron sentir como en mi casa, y es que en poco tiempo sentí como si los conociera de algún otro momento. La lengua predominante fue el inglés y bailar con los chicos (que, por cierto, lo hacían fenomenal) y el resto de los invitados en los bailes grupales fueron para mí los mejores momentos de la velada. Bailamos hasta las tantas de la madrugada y pasamos la noche en el hotel del restaurante donde compartí habitación con otras tres chicas. Dormí estupendamente y recargué pilas para un domingo intenso en el que me esperaba mi autobús a las 22:10.



Algunos de mis compañeros de mesa.

En uno de los momentos del baile.

LOS REGALOS

Los regalos, a diferencia de en España, se entregan a la salida de la iglesia. Todos los invitados entregamos nuestros paquetes y cartas de felicitación y algunos amigos se encargaron de recogerlos todos y llevárselos más tarde a la vivienda. A mí no me gustó la idea porque tenía ganas de entregárselos en persona, ver la cara que pondría, explicarle el por qué de cada una de las elecciones… Sobre todo, quería saber si le valdría una pulsera muy especial que había personalizado para ella.


Y tuve muchísima suerte porque después de cuatro años tuvimos la ocasión de vernos y charlar largo y tendido sobre un montón de cosas (¡también de darle mis regalos en persona!) Primero, lo hicimos durante la velada y después, el domingo. Ella me pidió que la acompañase a su nuevo piso, quería enseñármelo y hablar conmigo sobre todas esas cosas importantes que nos habían sucedido en tanto tiempo. Y es en estos momentos en los que uno se da cuenta de la verdadera amistad. Pasa el tiempo pero tus amigos siguen como siempre, como si estuvieses viviendo con ellos en la misma ciudad y viéndolos cada día. Esa magia es única y con gente tan especial con Mirella nunca se pierde.



LA CIUDAD

Mirella organizó punto por punto mis tres días de estancia en Varsovia. Como ella no podría dedicarme todo el tiempo, claro está, pidió a sus amigos y familiares que me acogiesen una noche en su casa, que me enseñaran esto, que me llevaran de aquí para allá etc.

Y estas son algunas de las fotos que he podido sacar el domingo por la tarde donde nos acompañó el buen tiempo. Definitivamente, tuve unos guías maravillosos y la ciudad me cautivó por completo por sus calles, sus tiendas, algunos de sus monumentos más emblemáticos…  Ha sido realmente una "Varsovia exprés" que ha valido muchísimo la pena. ¡Volveré!

Típicos helados polacos.

Plaza del centro de la ciudad.

Pequeño callejón de la ciudad.

Palacio.

En uno de los parques.

Monumento característico.

Fuente característica.

Banco donde se puede escuchar música de Chopin al presionar un botón.

Preciosa panorámica de la ciudad, al atardecer.

Una de las calles principales.

Palacio de la Cultura y la Ciencia.

Estación de autobuses Centralny.

"La diferencia entre paisaje y paisaje es poca, pero hay una gran diferencia entre los que lo miran (Ralph Waldo Emerson)"

1 comentario:

  1. Qué bonitas las fotos, y qué guapa estás!! Te veo diferente, ¿es el color del pelo, el corte? Me encantó la entrada, aprendí muchas cosas leyéndola. Biquiños!!

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